Chilaquiles Mayas
Crujientes totopos de maiz con salsa marca de la casa de achiote y habanero con cochinita pibil. Riquísimo!
Historia del plato
Los chilaquiles son uno de los desayunos y almuerzos más tradicionales de México. Su origen se remonta a la época virreinal, aunque sus raíces se encuentran en la costumbre prehispánica de aprovechar las tortillas de maíz del día anterior bañándolas en salsas elaboradas con ingredientes locales.
En la península de Yucatán, la gastronomía desarrolló una personalidad propia influenciada por la herencia maya y por ingredientes característicos como el achiote, los cítricos y el chile habanero. De esta fusión nacieron numerosas recetas que combinan las técnicas tradicionales de los chilaquiles con los sabores intensos y aromáticos de la cocina yucateca.
Los llamados "Chilaquiles Mayas" no responden a una única receta tradicional, sino a una interpretación contemporánea que incorpora ingredientes emblemáticos de la península, especialmente aquellos asociados a la cocina maya y yucateca.
El resultado es un plato que une dos grandes tradiciones gastronómicas mexicanas: la cultura del maíz representada por los chilaquiles y los sabores profundos del sureste mexicano.
Versión Cutzamala
En Cutzamala hemos creado nuestra propia interpretación de los Chilaquiles Mayas. Los totopos de maíz se bañan en una salsa elaborada en nuestra cocina a base de tomate, achiote y chile habanero, una combinación que aporta profundidad, frescura y el carácter inconfundible de la gastronomía del sureste mexicano.
Coronamos el plato con cochinita pibil cocinada lentamente, cebolla morada encurtida y aguacate fresco, creando un equilibrio entre intensidad, acidez, cremosidad y textura.
Una receta exclusiva de Cutzamala que conecta la tradición del maíz con algunos de los sabores más emblemáticos de la cocina yucateca.
Ingredientes destacados
El achiote proviene de las semillas del árbol Bixa orellana, originario de América tropical y utilizado desde tiempos prehispánicos por las culturas mayas y otras civilizaciones mesoamericanas. Además de aportar su característico color rojo intenso, ofrece notas terrosas, ligeramente especiadas y un aroma inconfundible que forma parte esencial de la cocina tradicional de Yucatán.